Y después de dos largos años de mandar CVs y cartas de motivación; dos años de entrevistas y mucha frustración, el domingo pasado comencé mi Servicio Voluntario Europeo aquí, en Humlebæk, a 35 Kms al norte de Copenhague.
Lo primero que notas al llegar (especialmente viniendo de Madrid) es la inmensa cantidad de nieve que puedes ver por todas partes y que llega hasta las rodillas. Bueno, en todas partes no. Las carreteras danesas y los carriles bici estan impolutos las 24 horas del día. Mucha nieve pero poco de aquel frío del que me advertía todo el mundo antes de venirme para acá. En Dinamarca estos días no pasan de los 5 grados pero entre que la temperatura se mantiene estable, no hace apenas viento y que vivo en zona costera, no se esta mal del todo. Ironicamente, estos días en España estan viviendo una ola de frío sin precedentes.
Como todos los comienzos (especialmente los drásticos) que llegan a nuestras vidas, las primeras semanas son siempre duras. mi caso no iba a ser una excepción. A la escasez de luz (en esta epoca del año, a las 17:30 ya es noche cerrada) hay que añadirle los propios horarios (se come a las 12:30 y se cena entre las 18-19) y una falta de rutina que hace que las horas muertas alarguen la jornada mortalmente. Para que os hagais una idea, llevo aqui 1 semana pero me han parecido 3.
Dejando el drama de la adaptación aparte, la vida aqui no pinta nada mal. Humlebæk, es una pequeña y tranquila ciudad en la que si sabes montar en bici puedes llegar a cualquier parte en 5-10 minutos. Yo ya tengo la mia, pero de momento la nieva acobarda mis ganas de desplazarme sobre 2 ruedas
A dos minutos de mi casa tengo al mismísimo Mar Báltico y en los días buenos (y de noche con todo iluminado) puedo ver a mis vecinos de Suecia. Esta mañana, lo he visto de cerca por primera vez y definitivamente va a convertirse en uno de mis sitios favoritos de mi estancia en el país. Perfecto para desconectar o para echar una carrerita cuando me anime a estrenar mis zapatillas de pseudo-runner.
Esto es todo de momento. Prometo seguir contando lo que se pueda contar.
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